¿Por qué son tan tercos?

Si en tu vida hay un adulto mayor que se aferra a sus ideas con la fuerza de un koala a un árbol, felicidades: has entrado al club de los que escuchan frases como «A mí nunca me ha pasado nada» mientras tu abuelo intenta arreglar la tele a martillazos. Pero, ¿por qué son así? ¿Es falta de atención? ¿Exceso de sabiduría? ¿O simplemente un trastorno llamado «ya verás tú cuando tengas mis años»?

Con la edad, el cerebro pierde parte de su plasticidad neuronal (capacidad de adaptarse y formar nuevas conexiones), lo que puede dificultar el procesamiento de ideas contrarias a las ya establecidas. Además, estan las estructuras cerebrales relacionadas con la memoria y la toma de decisiones (como el lóbulo frontal) pueden volverse menos flexibles. Estos fenomenos son conocidos como rigidez cognitiva y neuroplasticidad reducida.

Ahora, resulta que, con los años, el cerebro se vuelve un poco «vago selectivo». Los científicos (que probablemente no tienen que convencer a su abuela de que el microondas no le roba los nutrientes a la comida) dicen que los adultos mayores prefieren aferrarse a lo conocido antes que aprender algo nuevo. ¿Que existe una pastilla para la presión? Mejor un té de ajo, que nunca falla. ¿Que los smartphones son útiles? Para qué, si con el teléfono de disco estaba todo bien. Es como si su mente archivara todo bajo «Cosas que no me han matado… así que sigo con ellas».

Y luego está la ley del «A mí me funcionó», una fuerza tan poderosa que desafía a la medicina moderna. ¿Que el doctor le dijo que baje el colesterol? Tonterías, con un poco de limón en ayunas se cura todo. ¿Que necesita usar zapatos cómodos? ¡Nunca! Las chanclas de toda la vida son suficientes, aunque tenga que caminar como un pingüino con artritis. La terquedad aquí es directamente proporcional al número de remedios caseros que conocen, y su fe en ellos es inquebrantable.

Pero no podemos ignorar el fenómeno de la audición selectiva, una habilidad que haría palidecer a cualquier espía. ¿Le dijiste que no cargue cosas pesadas porque le duele la espalda? «¡Ah, sí, sí, ya voy!» (y al rato lo ves levantando la lavadora como si fuera un saco de plumas). ¿Le explicaste que el refresco de dieta no es «más sano» solo porque diga light? «Bueno, pero a mí me gusta así». No es sordera, es simplemente que su cerebro filtra lo que no le interesa, como un antivirus que bloquea consejos no deseados.

Y, por supuesto, está el clásico «En mis tiempos…», el argumento definitivo. ¿Que ahora se recomienda hacer ejercicio moderado? ¡Qué va! Ellos subían montañas descalzos, trabajaban 20 horas al día y comían puro tocino, y ahí están, «sanos como un roble» (aunque ese roble tenga dos prótesis y una cadera de repuesto). Es su manera de recordarte que sobrevivieron a épocas donde el «bienestar emocional» era aguantarse y ya, y por eso se permiten el lujo de ignorar tus modernas preocupaciones.

Al final, la terquedad de los adultos mayores es una mezcla de orgullo, experiencia mal aplicada y un toque de rebeldía geriátrica. Después de décadas de vivir, se ganaron el derecho a decir «Yo lo hago como me da la gana», aunque eso implique tomar el sol a las 3 PM en pleno verano porque «el sol de la tarde es el más sano».

Si tu abuela o abuelo insiste en que la mejor medicina es un trago de aguardiente con miel, o tu tía jura que el dolor de rodillas se quita con hojas de repollo, respira hondo, asiente con una sonrisa… y luego llámanos al +584265179300 seremos discretos. Al fin y al cabo, su terquedad es parte de su encanto (y de tu herencia genética, así que más te vale acostumbrarte).

¡Feliz día de las madres!