
Maritza es una señora de 67 años que anheló durante toda su vida la jubilación. Con tres hijos, Jaime de 41 años, Julia de 37 años y Julieta de 31 años, vivió entre las oficinas de una importante institución pública, los salones de la UCV, las llegadas tardes al colegio de los niños y el quiosco de la señora Berta cerca de la esquina de Veróes.
Comenzó a trabajar con apenas 20 años; mientras estudiaba Administración ejerció de asistente y luego de su graduación fue en ascenso hasta convertirse en directora de la unidad de Recursos Humanos. Ha tenido una vida muy agotadora pero compensada por el amor de su marido, Jaime, y el de sus tres hijos.
Mientras trabajó, fue jefa de la oficina, madre, ama de casa, esposa, cuidadora de su padre enfermo de cáncer de pulmón y de su madre con Alzheimer. Fue poco lo que Maritza pudo dedicar a su cuidado, bienestar y recreación personal. Siempre pensaba que cuando llegara su jubilación sería el tiempo ideal para ella. Se decía: “chamos grandes, marido feliz, trabajo cumplido, ahora voy con lo mío”.
Llegó el día (pero no sin retrasos). Había hecho la petición de jubilación a los 59 años pero no la obtuvo sino hasta los 61 años por una suerte de deficiencia burocrática entre la institución y el sistema de seguridad social del país.
Maritza se dijo: “¡Es mi momento!”. Sin embargo, agotada y estresada por una vida de trabajo comenzó a creer que no podía hacer nada más que no fuera descansar y esperar el desenlace. Tenía pensamientos como: “ya di todo, no tengo más; estoy muy vieja para inventar”, “Jaime aún está trabajando; quién va a cuidar a mamá”, “¡loro viejo no aprende a hablar!, “quédate quieta que los viejos, viejos están y así se van a quedar hasta su silencio final”.
Un día de agosto, Maritza a sus 62 años de edad, leyó un artículo de la Organización Mundial de Salud que hablaba sobre un concepto nuevo: La vejez activa y saludable y dentro de ese artículo su atención fue dirigida a la palabra “oportunidad”. Dejar a un lado nuestros prejuicios, transformar el significado que damos a nuestro pasado para abrirnos al futuro y reconciliar nuestra mente y cuerpo con la idea de bienestar propio, es una definición correcta sobre el sentido de la oportunidad.
Desde ese momento, Maritza, comprendió que la relación entre edad y oportunidades no es una contradicción. “Aún tengo mucho por hacer”, se dijo. Pensó en actividades recreativas como ir al tobogán de la selva, iniciar con pequeñas caminatas, practicar yoga, meditación, en seguir resolviendo los problemas matemáticos que tanto le gustaban e incluso en volver a cantar boleros por diversión.
Maritza lo entendió, nosotros lo entendemos y queremos que tú también lo entiendas. En el Centro de Atención Integral al Adulto Mayor promovemos el envejecimiento activo, saludable y feliz; sí, feliz. La felicidad y el bienestar de tu ser querido es nuestro motivo. Tus abuelos, tus padres, tus tíos o tú mismo puedes disfrutar de tus próximos años.
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