
Maritza es una señora de 69 años que anheló durante toda su vida su jubilación. Con tres hijos, Jaime de 41 años, julia de 37 años y Julieta de 31 años vivió entre las oficinas de una importante institución pública, los salones de la UCV, las llegadas tardes al colegio de los niños y el quiosco de la señora Berta cerca de la esquina de Veróes.
Comenzó a trabajar con apenas 20 años; mientras estudiaba Administración ejerció ejercía de asistente y luego de su graduación fue en ascenso hasta convertirse en directora. Ha tenido una vida muy agitada pero compensada por el amor de su marido, Jaime, y el de sus tres hijos.
Mientras trabajó, fue madre, ama de casa, esposa, cuidadora de su padre enfermo de cáncer de pulmón y de su madre con Alzheimer. Fue poco lo que Maritza pudo dedicar a su cuidado, bienestar y recreación personal. Siempre pensaba que cuando llegara su jubilación sería el tiempo ideal para ella. Se decía: “chamos grandes, marido feliz, trabajo cumplido, ahora voy con lo mío”.
Llegó el día (pero no sin retrasos). Había hecho la petición de jubilación a los 57 años, pero no la obtuvo sino hasta los 61 años por una suerte de deficiencia burocrática entre la institución y el sistema de seguridad social del país.
Maritza se dijo: “¡Es mi momento!”. Sin embargo, agotada y estresada por una vida de trabajo comenzó a creer que no podía hacer nada más que no fuera descansar y esperar el desenlace. Tenía pensamientos como: “ya di todo, no tengo más; estoy muy vieja para inventar”, “Jaime aún está trabajando; quién va a cuidar a mamá”, “¡loro viejo no aprende a hablar!, “quédate quieta que los viejos, viejos están y así se van a quedar hasta su silencio final”.
Un buen día de agosto, Maritza, a sus 64 años de edad, leyó un artículo de la Organización Mundial de Salud que hablaba sobre un concepto nuevo: La Vejez Activa y Saludable. Su atención fue dirigida a la palabra “oportunidad”.
Maritza comprendió que la relación entre edad y oportunidades no es una contradicción. “Aún tengo mucho por hacer”, se dijo. Pensó en actividades recreativas como ir al tobogán de la selva; en seguir resolviendo los problemas matemáticos que tanto le gustaban e incluso en volver a cantar boleros por diversión.
Maritza lo entendió, nosotros lo entendemos y queremos que tú también lo entiendas. En el Centro de Atención Integral al Adulto Mayor promovemos el envejecimiento activo, saludable y feliz; sí, feliz. La felicidad y el bienestar de tu ser querido es nuestro motivo. Tus abuelos, tus padres, tus tíos o tú mismo pueden hacer que sus años valgan. Contratando nuestros servicios, ya sea para nuestra residencia o para el cuidado personalizado en casa, vivirás una vida llena de oportunidades.
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