HIPERTENSIÓN: el enemigo silencioso

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) La hipertensión es el incremento constante de la tensión arterial (fuerza que ejerce la sangre contra las paredes de las arterias cuando el corazón bombea). Si dicha tensión es cada vez mas alta entonces resultará más difícil para el corazón bombear la sangre, esto normalmente es ocasionado por el endurecimiento u obstrucciones en las arterias.

En los adultos mayores conforme van envejeciendo, su cuerpo experimenta cambios como la pérdida de elasticidad de las arterias que junto con la acumulación de lípidos obstruyen la circulación de la sangre y elevan la presión arterial.

De forma equivocada muchos adultos mayores relacionan la palabra hipertensión con tensión emocional excesiva, aumento en los nervios o fuerte estrés. Pero médicamente, la hipertensión es una condición clínica vinculada directamente a la presión arterial elevada de forma permanente, independientemente de la causa. En condiciones normales no causa síntomas y solo cuando cuando un órgano resulta comprometido es que se advierte su presencia, por ello la conocen como «el enemigo silencioso».

No obstante, se pueden presentar indicadores de presión arterial alta que permite a un profesional de la salud identificarla: dolor de cabeza, mareos constantes, hemorragias nasales, alteraciones visuales como visión borrosa o sensación de ver lucecitas, y zumbidos en los oídos son alguno de ellos. Sin la hipertensión arterial no es diagnosticada o controlada el peligro de presentar trastornos como accidentes cerebrovasculares, aneurismas, insuficiencia cardíaca, infarto de miocardio y enfermedad renal crónica aumenta.

El Centro de Atención Integral al Adulto Mayor comparte algunas de las recomendaciones generales que existen sobre este asunto como: la reducción del consumo de sal -recordando que el consumo diario debe ser 5 gramos-, realizar actividades físicas de bajo impacto -y según la condición física del adulto mayor-, evitar en lo posible consumir carnes rojas, alimentos enlatados, congelados, encurtidos, embutidos, mostaza, salsas de tomate o de soya -por su alto porcentaje en sodio-, dulces o panes con exceso de azúcar, bebidas azucaradas, alcohólicas y estimulantes.

Sin embargo, como organización responsable de la atención de la salud de los adultos mayores debemos señalar que para obtener un diagnóstico adecuado o preciso sobre la hipertensión arterial, nuestros profesionales médicos siguen un protocolo específico para medir la presión arterial y en ocasiones -guardando esos protocolos- no son suficientes para establecer el diagnóstico, ya que las lecturas pueden variar demasiado entre ellas por ello, recurrimos a otras practicas como la exploración física en la región abdominal por encima de los riñones para determinar si hay dolor a la palpación y la colocación de un fonendoscopio sobre el abdomen para auscultar la presencia de algún ruido que produce el flujo sanguíneo en su paso por una arteria estrechada en la arteria que irriga cada riñón -el soplo periférico-.

Otro método supone el oftalmoscopio que examina la retina de cada ojo pues en ella los médicos pueden observaran los efectos de la hipertensión arterial sobre las arteriolas. De igual manera, solemos utilizar la electrocardiografía (ECG) para detectar alteraciones cardíacas, en particular un engrosamiento (hipertrofia) del músculo cardíaco o agrandamiento del corazón y si se aparece la sospecha o presencia de hipertrofia, tu adulto mayor puede ser sometido a una ecocardiografía.

Queremos ayudarte y estamos dispuesto a colaborar en el cuidado de la salud de tu adulta o adulto mayor. Nuestra prioridad es que ellos puedan seguir siendo capaces de realizar durante el

máximo tiempo posible las cosas a las que le otorgan valor trayendo bienestar para ellos y; tranquilidad para ti como familiar. Contáctanos:

+584265179300

Deja un comentario