
En el corazón de nuestro quehacer diario, en el Centro de Atención Integral al Adulto Mayor, late una convicción profunda: que la confianza no se construye con folletos, sino con puertas abiertas y con la calidez de un café compartido. Por eso, el primer acercamiento con las familias y sus representantes es mucho más que una simple visita guiada; es el tejido inicial de una relación que se basa en la transparencia y el corazón. Aquí no se recibe a un cliente, se recibe a un nuevo miembro de la familia. La coordinación para que conozcan nuestros espacios se hace con la paciencia y el esmero que merece una decisión tan importante, mostrando cada rincón con orgullo y respondiendo cada inquietud con la honestidad que nos caracteriza, porque entender las necesidades únicas de cada residente es el primer paso para diseñar un cuidado geriátrico a la medida del alma.
Una vez que la familia cruza el umbral, siente de inmediato el ambiente de hogar que se respira las 24 horas del día, los 7 días de la semana. No es una promesa, es una realidad que vive en cada detalle: desde el aroma de un menú balanceado y adaptado a las necesidades específicas de cada quien, hasta el ritmo de las actividades de recreación e integración que llenan los días de color y propósito. Porque sabemos que el bienestar va más allá de la salud, incluimos servicios que garantizan: lavandería impecable, internet para mantenerse conectados con los seres queridos, televisión por cable, peluquería para sentirse renovados y hasta la aventura del turismo geriátrico.
Para nuestros residentes que enfrentan el desafío de patologías crónicas, el cuidado se transforma en una misión de dedicación exclusiva. Es aquí donde nuestro equipo multidisciplinario despliega toda su experticia en una sinfonía de atenciones coordinadas. Gerontólogos, médicos internistas, oncólogos, psiquiatras, nutricionistas, psicólogos, fisioterapeutas, terapeutas de lenguaje y ocupacionales trabajan en conjunto, bajo un mismo proposito, para crear un plan integral que no solo busca tratar la enfermedad, sino elevar la calidad de vida. La vigilancia es constante, con un monitoreo de salud y cuidados geriátricos las 24 horas del día, los 7 días de la semana, respaldado por un equipo de enfermería con especialidad en geriatría que se convierte en ángel guardián, pendiente de cada latido, de cada medicamento, de cada momento.
Y para mayor tranquilidad, contamos con tecnología de punta al servicio de la vida: laboratorio, rayos X, ambulancia siempre lista, electrocardiograma, ecocardiograma, eco pulmonar, eco holter y más. Esto significa que cualquier eventualidad se atiende de inmediato, evitando estrés y garantizando continuidad en los tratamientos. En Venezuela, sabemos valorar lo que de verdad importa. Y aquí, en nuestra residencia geriátrica, lo que ofrecemos no tiene competencia. No la tiene en economía de precios, porque entregamos un valor infinito por una inversión que honra la dignidad de nuestros adultos mayores. Y mucho menos la tiene en profesionalismo, porque nuestro personal no solo tiene los títulos y las especialidades, sino que tiene la vocación y el cariño venezolano que no se aprende en ninguna universidad. Esa es nuestra verdadera esencia, la que nos hace únicos y la que nos permite decir, con el pecho inflado de orgullo, que aquí no solo cuidamos, sino que amamos.
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